Las empresas aseguradoras tienen particularidades distintas a muchas otras empresas o intermediarios en el sector financiero.

Su principal función se centra en asumir riesgos, los cuales podrán ser amortizados gracias a la diversificación de sus servicios y productos.

En esta actividad la principal fuente de rentabilidad se obtiene de las primas de los seguros vendidos, esto supone una diferencia fundamental respecto a otras entidades como las bancarias e implica un menor grado de correlación entre la rentabilidad del sector y los mercados financieros.

Además, en este caso no resultan tan relevantes aspectos como la liquidez en tanto a que las primas se reciben por adelantado y los eventos se materializan con posterioridad (a diferencia, por ejemplo, de las entidades de crédito, donde se ofertan fondos para los que posteriormente hay que mantener la financiación).

Este sector tiene un importante papel en la economía ya que permite que los agentes puedan gestionar de modo adecuado distintos tipos de riesgos.

Lógicamente, sus implicaciones son diferentes en función del tipo de productos que ofrecen; así, en el caso de las aseguradoras de no vida, su principal función es proporcionar cobertura frente a unos riesgos que suelen ser de corto plazo y cuya contratación en muchos casos suele ser de carácter obligatorio (seguros de automóvil, de salud o los seguros de hogar).

Por su parte, en el caso de aquellas dedicadas al ramo de vida la naturaleza es de más largo plazo y en algunos casos, como los denominados «seguros de supervivencia», tienen un papel relevante como canalizador del ahorro.

Aunque este sector se ha visto afectado por la crisis financiera en menor medida, el contexto económico y, en particular, unas situaciones prolongadas de bajos tipos de interés suponen un reto para su actividad y para la gestión de sus carteras de inversión.

Con la vista puesta en el más largo plazo, el otro gran reto al que se enfrentan las compañías de seguros es la adaptación a un nuevo marco regulatorio tanto en el terreno contable como de solvencia.

En este último caso, destaca la puesta en marcha de la normativa de Seguros que conllevará la adaptación de la estrategia de negocio y de inversión de las compañías de seguros.