Mantener una relación jefe – empleados siempre es una tarea difícil que va más allá de la simpleza de dar y recibir órdenes. Primeramente debes entender que la principal diferencia entre un jefe y un líder es la humildad, una vez entendido esto habrás ganado la mayoría de tus luchas.

Para lograr que tus empleados además de cumplir tus mandatos, te respeten y admiren, es importante saber poner límites de confianza, desarrollar la empatía, manejar un excelente vocabulario, dominar el lenguaje corporal y apuntar a la productividad laboral como principal objetivo.

Si bien deseas, como líder, estar informado de lo que sucede a diario con tus empleados, poner límites de confianza es primordial para que siempre haya respeto a tu figura dentro de la empresa. Esto se logra fijando códigos tanto de vocabulario como de lenguaje corporal, demostrando que, a pesar de poder contar con tu apoyo y empatía, sigues siendo la figura de mayor jerarquía.

Tu ejemplo es la guía de todos los que estén a tu cargo. Lo que hagas será tomado por tu equipo como aprobación o desaprobación a ciertos comportamientos, por ello tus pasos deben ser coherentes con los principios y reglas que quieres mantener dentro del ambiente laboral.

Aunado a fomentar las relaciones sanas, es vital que tu buen trato vaya de la mano con acciones que demuestren tu clara experiencia y que tus decisiones sean productivas y eficaces.

Todos cometemos errores, incluso siendo líder, no permitas que esto sea visto como una debilidad grupal o individual, manifiesta tus descontentos amablemente e indica la mejor manera de ejecutar tus ideas o reconsidera si es necesario lo que has planteado.

Haz de tu equipo el mejor compartiendo el éxito y aplaudiendo cada logro.

Demuestra que más allá de ser un jefe, eres un líder.