Cuando hablamos de PyME, nos referimos a las pequeñas y medianas empresas. Definidas así por su reducida cantidad de empleados y además por sus números de facturación que suelen ser mucho más bajos que los de una gran empresa. Se estima que una pequeña o mediana empresa este conformada entre 10 a 50 trabajadores y  51 a 250 respectivamente.

Entre las ventajas de una PyME resalta la capacidad de cambio que puede tener gracias a la cercanía con sus clientes. Esto les permite estudiar diferentes nichos de mercado a los que se adaptan fácilmente según la conveniencia mercantil de la empresa.

Otra ventaja resaltante de esta categoría es la corta cadena de mando que brinda a los trabajadores sentir mayor cercanía entre las figuras jerárquicas de su ambiente laboral, lo que enriquece las relaciones de confianza entre empleados y empleadores. Sin embargo; esto puede convertirse en una desventaja si no hay espacio para los límites.

Las desventajas de una pequeña o mediana empresa son de cuidado, pues son definitorias para su perpetuidad en el mercado. La más relevante es la disponibilidad financiera, que además de afectar directamente la oferta y la competitividad, influye directamente en la capacidad de actualización tecnológica y publicitaria lo que puede ocasionar que la empresa pase desapercibida en el mercado y desaparezca.

Es importante que este tipo de industria se mantenga en constante revisión estructural, pues debido a su adaptabilidad, los procesos y la organización de cargos pueden verse fracturados ocasionando en los empleados desconcierto afectando la ejecución correcta de sus labores.

Una PyME puede fácilmente convertirse en una gran empresa, siempre y cuando se mantengan claros los objetivos y las metas a cumplir.

El éxito será proporcional a la constancia y el esfuerzo aplicado en cada paso.